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Cicatrices después de medio siglo de guerra civil en Colombia

 

Aunque los propios colombianos deben decidir con un referéndum por la paz, parece que se acerca el fin del conflicto de 52 años entre el gobierno colombiano y las FARC. Pero, a pesar de esto, la violencia ha dejado muchos vestigios en los colombianos.

 

Brillantes camisetas amarillas iluminan la Plaza Bolívar de Bogotá, donde se celebró el acuerdo entre el grupo guerrillero de izquierda FARC y el gobierno colombiano. Posiblemente, esta sea la celebración que marca el final de los horrores que ha tenido que soportar el país. Pero detrás de las caras sonrientes siguen existiendo el miedo, la tristeza y la ira oculta. Unos 8 millones de víctimas deben asumir la vida después del conflicto.

Myriam (nombre ficticio) creció en Pasto, cerca de la frontera con Ecuador. Ella tenía 10 años cuando los guerrilleros le exigieron a su familia entregar la tierra. “Mi padre se negó a salir de nuestra casa. Mi familia fue asesinada delante de mis ojos. Me mantuvieron con vida porque yo era la única que podía leer. Era útil para ellos”. Así Myriam terminó en la selva y retenida en contra de su voluntad, y cautiva de los rebeldes que la violaron varias veces.

Cuatro años más tarde, se enamoró de un joven colombiano miembro del frente, junto a él criticó las acciones del grupo. “Protestamos contra el robo y el asesinato de las familias pobres”, dice Myriam. Como castigo los guerrilleros asesinaron a su novio y a ella la enterraron viva. “Yo pensaba que iba a morir.” Después de un tiempo enterrada, un comandante se conmovió la desenterró y la ayudó a escapar.

 

Violencia

El resultado de más de medio siglo de guerra es que uno se acostumbra a ella. La violencia se vuelve parte de la vida cotidiana y no la vemos como un problema. “Usted ve un cadáver y le pasa por un lado, para seguir su camino sin que le importe quien es o que ha pasado”, explica Gaby de Meneses Directora de Fundación TAAP, Taller de Aprendizaje para las Artes y el Pensamiento. “Es normal que los padres y maestros utilicen el castigo físico contra los niños. Es normal que peleemos entre vecinos y lo mismo ocurre con el tráfico de drogas: se acepta, porque con eso es con lo que se hace el dinero “.

La fundación, que Gaby fundó con su marido Carlos en 2008, apoya a las mujeres como Myriam. Una vez que la liberaron supo que estaba embarazada y ahora vive con su hija. “Al regresar a su comunidad Myriam se sentía ajena. No tenía familia, ni dinero, ni futuro” Después de dos años de vagar Myriam entra en contacto con Gaby quien le hace darse cuenta de que ella no debe esperar hasta que llegue la ayuda, ella misma se puede ayudar. “Decidí primero concentrarme en mí misma para hacer algo con toda la ira y el dolor.”

Es un problema común, las víctimas pasan años esperando que llegue la ayuda del gobierno. Carlos: “Hay gente que pasa horas todos los días en la puerta de las oficinas de la Unidad de Víctimas esperando para beneficiarse. Ellos no trabajan, no creen que pueden superar su situación, se centran sólo en el dinero, en la reparación económica. Por que esa es la idea que tienen de lo que tienen que hacer”. Pero la justicia no puede ser financiera porque el gobierno no será capaz de dar beneficios económicos para los millones de víctimas del conflicto.

 

La mayoría de las madres no saben cómo educar a sus hijos sin golpearlos

Además, hay un problema que muestra lo complicado que es el conflicto. No es sólo los guerrilleros que luchan contra el gobierno. Hay bandas independientes, paramilitares sin escrúpulos, traficantes de droga que marcan su territorio y gobiernos corruptos. Mientras las FARC depone las armas, hay docenas de grupos guerrilleros activos, el mayor de los cuales es el ELN. “En las zonas rurales hay continuamente una presencia dominante de los grupos armados y criminales. Y cuando entre dinero a una comunidad, bien sea para proyectos de cooperación o para inversión social, si no se hace la veeduría adecuada, parte de ese dinero termina financiando a los grupos criminales”.

De acuerdo con Gaby y Carlos lo que realmente se necesita para salir del conflicto es lograr que las víctimas aprendan a romper el círculo de la violencia. Mediante el apoyo a las mujeres y los niños a través de arte y pedagogía, formación y reuniones informativas Fundación TAAP espera contribuir a un cambio colectivo. La fundación también sirve de mediador entre el gobierno y las comunidades. Gaby: “En un pueblo en el departamento de Cesar, casi todos los hombres y los niños fueron asesinados por los paramilitares. El gobierno nunca ha dado ningún tipo de apoyo a las mujeres abandonadas. Por eso comenzamos a trabajar con ellos para dialogar con las autoridades”.

El hecho de que la gente entienda que la mayoría de los miembros de las FARC no tendrá una una pena por sus crímenes genera ira entre los colombianos. “Pero es importante conocer que alrededor del 60 por ciento de los combatientes de la guerrilla fueron obligados a unirse a las FARC y otros grupos, fueron secuestrados o amenazados para permanecer en las filas. Y es por ello que todos han sido afectados por esta guerra”, señala Carlos. La reintegración de los miembros de las FARC será difícil, de acuerdo con él, pero también ve que las personas, especialmente en las regiones, están dispuestas a luchar. “Los colombianos saben que tienen que aprender a convivir en paz, han sido demasiados años de guerra y muchos simplemente no saben cómo vivir de otra forma. Por eso queremos ayudarles con eso “.

 

Lea la versión original del artículo en:

https://www.oneworld.nl/vrede-veiligheid/littekens-na-een-halve-eeuw-burgeroorlog-colombia

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